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viernes, 14 de junio de 2013

El “Hippie Plumas”


La juventud es corta, la vejez muy larga...



En el poco recorrido de mi vida he conocido a muchos hippies. Los hippies aniñados, por ejemplo, aquellos que tienen mucho dinero, pero deciden vestirse a lo “mamarracho” para irse en contra de algo o de alguien. Existen los hippies fashion, ósea los que tienen la pinta pero no la ideología, es decir, los que son hippies por la moda.

  
También hay los hippies a medias,  son esas personas que les gusta ser hippies pero no saben por qué. Y por último los hippies berracos. Esos son los verdaderos hippies. Son esas personas que se viajan el mundo de cabo a rabo, vendiendo artesanías de cinco dólares y viviendo la vida “en paz”.

Así es el “Hippie Plumas”. Cuando le pregunté su nombre me dijo “me llamo Pluma, mi nombre verdadero lo olvidé hace años”. Un tipo bastante singular, tenía puesto unos lentes a lo John Lennon, una máscara transparente que protegía su rostro, y muchas plumas que rodeaban su cabeza.

La manera en cómo nos conocimos no fue muy agradable.  Lo vi sentado en una pequeña estructura de cemento. Sobre su rostro llevaba la máscara transparente, y tallaba algo sobre una superficie de madera. El “click” de mi cámara lo molestó mucho: “!No me tomes fotos que robas el alma de mi arte!”

Sorprendida por la respuesta me acerqué a él y le dije que no se enojara. El hombre bastante molesto, dejó de tallar su artesanía en la superficie de madera y me dijo: “ese es el problema con ustedes los turistas, creen que pueden tomar fotos a quien quiera. Lo único que yo pido es un poco de cortesía. Diferente hubiera sido que vos me preguntes si podías sacarme una foto”.

El hombre, aun más molesto, sacó una cámara de su bolsillo y me tomó una fotografía: “viste que es feo que te tomen una foto sin tu permiso”, mencionó el hippie. En realidad no me había molestado que el hippie me haya tomado una fotografía, más bien me sorprendió que haya tenido una cámara. Lo único que pensé fue: “encontré a un hippie digitalizado”.

Asombrada por su reacción tan inusual, pude darme cuenta que en su cámara tenía fotografías de labios de mujeres. “Tengo una obsesión por los labios, me gustan los labios carnudos, así como los tuyos”. Intimidada por esa afirmación le pregunté que iba hacer con esas fotografías. Me dijo que quería hacer postales y venderlas. “He viajado por todo el mundo, y tengo un montón de fotografías de labios de mujeres. Mira, esta fotografía tomé en el avión”.

Otra cosa que me sorprendió, un hippie que se trata bien, pensé. Me dijo: “con el dinero de mis artesanías puedo darme el lujo de viajar en avión y así he conocido todo el mundo, muy rara vez voy en autobús”. Y es que el Hippie Plumas se dedica a hacer artesanías en monedas, tallando en el centro de la moneda rostros de famosos como Jim Morrison, John Lennon, Marilyn Monroe, y hasta Jesús. Esto lo lleva haciendo casi toda su vida, mas o menos, 25 años.

Dependiendo del día, Pluma vende 200 dólares en artesanías, pero si son días no muy buenos, vende hasta 50 dólares, nada mal la verdad, considerando que si ganara 200 dólares diarios, durante cinco días a la semana, ganaría en total 4000 dólares mensuales. “Gracias al pibe de arriba me ha ido muy bien, con lo que he ganado en mis artesanías he podido comprarme un departamento en Baños y otro en Otavalo ”

“El pibe de arriba”, ¿un hippie que cree en Dios?, pensé. Muy amablemente le dije que no era creyente, prefiero ser escéptica  con ese tipo de cosas. A propósito, el Hippie Plumas proviene de la frontera con Bolivia y Argentina, sin duda pude darme cuenta que es más argentino que boliviano, pues su extremo egocentrismo le bailaba por el cuerpo como un aura.


“Ustedes los ecuatorianos tienen un problema. Son amables con los extranjeros, pero descorteces con su propia gente. No tienen su idiosincrasia bien formada, en cambio nosotros, los argentinos, 
somos de descendencia italiana y sabemos lo que queremos. ” Esa afirmación fue la determinante para irme de ese lugar.

Me pare, me despedí, y le dije “que seas de descendencia europea no te hace mejor que nosotros. No entiendo que haces en el Ecuador.  Te podemos contagiar nuestra idiosincrasia mal formada.” El hippie puso cara de consternación y no supo que responderme. Me aleje molesta, esquivando los puestitos de artesanías de la Plaza de Ponchos de Otavalo. Mientras que el hippie se quedó solo con sus plumas, sus monedas y sus fotografías de labios.


miércoles, 24 de abril de 2013

Reportaje al pie del patíbulo

Narración de mi autoría basada en el libro de Julius Fucick "Reportaje al pie del Patíbulo"



“Está en la celda 267”, dijo el guardia SS que estaba de turno en la prisión de Pánkrac. Abrió la puerta y cuidadosamente revisaba mis pertenencias. No llevaba mucho, sólo una libreta de mano y un esfero. El guardia me las devolvió y dijo que le siguiera. Caminamos por un pasillo oscuro y frío, apenas se podía ver el fondo del corredor.
Periodista Julius Fucick

Subimos varias escaleras. Estaban húmedas y con un olor fétido. Pensé que ya estábamos cerca de las celdas, pues la cantidad de guardias SS aumentaban con cada escalón que dábamos. Después del largo recorrido, ingresamos por otro pasillo que tenía una puerta grande de metal verde. El guardia con dificultad abrió la gigantesca estructura metálica. 

Era como entrar en el más profundo abismo del infierno. Aquí se vivía una pesadilla convertida en realidad. Los prisioneros casi moribundos en sus celdas, me miraban con ojos de esperanza, con ojos de agonía, con ojos de dolor. Desvié mi mirada, pues mi único objetivo era llegar a Julius Fucick.

Planeamos esto por años y el momento finalmente a llegado. La última vez que lo vi fue la mañana del 14 de marzo de 1941. Ese día la Gestapo arrestó a mi Julius. Yo, como activista del partido, y hermana del gran periodista, tuve que actuar como si nunca lo hubiera conocido. Sabíamos que este momento llegaría, por eso tuve que seguir precisas instrucciones durante dos largos años.

Finalmente llegamos a la celda. “Fucick, una periodista te busca. Tienen media hora”, dijo el guardia SS con tono de mando. Lo vi y mi alma se desplomó. Estaba flaco y ojeroso, con varias deformidades en el cuerpo, tal vez por muchos golpes. Su cabello negro le daba un poco de color a su piel, pues yacía paliducho postrado en su cama.

El guardia SS cerró la puerta de la celda y se alejó caminando. Julius y yo nos miramos por varios segundos sin saber qué decir. Me acerqué a él y lo besé en la mejilla. Una lágrima bajaba por su rostro lentamente, me dijo “pensé que no vendrías nunca. Veo que has seguido correctamente mis instrucciones”.

Asentí con la cabeza y me senté a su lado. Molesto y con tono irónico me dijo “¿Eres estúpida? Deben creer que eres una periodista nazi. ¡No me toques! ¡No me mires! ¡No te sientes a mi lado! Y si puedes trátame con desprecio, los nazis son especialistas en eso”

De inmediato tomé una silla vieja que estaba en la celda y me senté lo más lejos posible de Julius. Me dejé llevar por el cariño y la compasión. Mis sentimientos nublaron mi vista  y por unos segundos había olvidado el plan del porqué estaba yo aquí. “Soy una periodista nazi, Julius Fucick no es mi hermano”. Esa frase la repetía en mi mente una y otra vez.

Saqué mi libreta y mi bolígrafo. Anoté la fecha, 25 de Agosto de 1943. Lancé mi primera pregunta: “Julius, ¿cómo fue que te atraparon después de haber estado tanto tiempo en cubierto?" Él me respondió: “verdaderamente eso no importa. Lo que importa es que mi trabajo como partidario aun se ve reflejado por mis sucesores. Aunque esté encerrado en esta celda, mis ideales aun se defienden por toda Checoslovaquia. A pesar de las torturas que recibí, nunca claudiqué. De mi boca nunca salieron esas palabras tan anheladas por los soldados nazis. Jamás inculpé a nadie. Pero las torturas eran dolorosas e insoportables, aun así, la traición me duele más. El cuerpo sana, la confianza jamás. Al final, las heridas cicatrizan, pero la herida de una traición te desgarra el alma, y un alma dañada nunca se cura”.

Le dije: ¿Traición? ¿A qué te refieres con traición? Julius bajó la mirada y se quedó callado. Necesitaba fuerzas para recordar. Después de un largo tiempo en silencio finalmente dijo: “¿Aun no lo sabes? ¡Ese gusano desalmado nos traicionó a todos! Una mañana me subieron al interrogatorio diario del cuarto 400. Entonces ahí me pude dar cuenta de la verdadera gravedad de las cosas. Todos los del partido estábamos allí, hasta el doctor. Ese día pensé que nos ejecutarían. Los guardias SS me preguntaron si conocía a alguno de estos personajes. Muy crudamente dije que nunca en mi vida los había visto. Lo mismo dijeron ellos de mi. ”

Julius se detuvo. Se podía ver que sus ojos ardían de furia. Sus manos inquietas y venosas recorrían por su rostro una y otra vez. Prosiguió: “Cuando vi a nuestro colega Maverick del lado de los Guardias SS mi corazón rugió de ira. Él nos delató. Delató a todos los del parito, ¿a cambio de qué? A cambio de menos golpes. Por haberle dado toda mi confianza, por eso estoy aquí, padeciendo y muriendo lentamente.”

Atónita y con el corazón desgarrado le pregunté si es que Maverick aun segía vivo, Julius me dijo que no sabía: “La última vez lo que vi fue ese día en el cuarto 400. Algunos dicen que sigue vivo, pero en las celdas se recorre el rumor de que lo condenaron en Berlín y murió en los campos de concentración. Pero la verdad no me importa.”

De repente su voz se quebrantó y baj´ una lágrima acariciando su huesudo rostro: “La única persona que verdaderamente me ha importado es mi Gustina. Se que sigue viva por alguno de estos rincones de la prisión. Le canto todos los días ¿sabes? Lo hago con alguna esperanza de que me escuche. Algún tiempo atrás nos encerraron juntos en el cuarto 400. Obviamente negamos que nos conocíamos. Le di una pequeña sonrisa de amor, o al menos eso intenté. Ella con su mirada me devolvió la esperanza. Esa fue la última vez que vi a mi Gustina. Ojalá salga viva de este infierno, porque esa mujer se merece vivir.”

De repente nuestra conversación fue interrumpida. En la celda entró un hombre casi calvo, con algunas canas en la barba. Cojeaba con el pie izquierdo y tenía unas enorme ojeras debajo de sus ojos. Nos miramos y Julius Interrumpe: “!Padre! Ella es la periodista de la que alguna vez te hablé.” Le miré con ojos de agradecimiento, o tal vez de compasión. Él me devolvió la mirada. Inmediatamente Julius dijo “señorita él es El Padre. Un personaje emblemático ¿sabe? Cuando la Gestapo me atrapó en el 41, él fue le persona que me curó. Me atendía, me obligaba a comer, curaba mis heridas. No le importaba que mi ropa y mi colchón olieran a carne podrida, igual lo hacía. Gracias a él me mantengo en pie.”

De repente El Padre interrumpe la conversación y dice: “nos gusta jugar a los dados, casi siempre apostamos la asquerosa comida que nos dan aquí. Pero en fin, es doble porción. Yo he estado aquí encerrado un año más que Julius. Conozco a todos señorita, se cosas que nadie se imagina. He visto salir a miles de esta celda que nunca vuelven, y he visto entrar a miles también. Pero el único que ha permanecido un largo tiempo es Julius. Sabe señorita, él es duro de matar. ”

La conversación es interrumpida cuando un guardia SS llama al padre. Él se levanta y sale de la celda. No volvió más, al menos hasta que yo terminara mi supuesta entrevista con Julius. Fucick prosiguió hablando: “he conocido a varios personajes emblemáticos en esta cárcel. El cocinero por ejemplo, sabe a quién le hace falta una porción extra de comida. Trata de ayudar a los enfermos y a los recién torturados. ”

Con un tono de risa Julius continua: “El enfermero nunca se da por vencido. Ayuda a los que puede. Pero si no tiene mucha empatía con los prisioneros, es capaz de darles el antídoto equivocado. También está Kolonsky, es un guardia SS checo. Él se mezcla con los encarcelados. Les hace hacer guardia mientras él duerme cómodamente en las camas de la celdas. Kolonsky nunca trata mal a los prisioneros. ” 

“Todo aquí es tan diferente de lo que pensé. Tu vida pende de un hilo. No sabes si mañana vivirás o serás condenado. Es como una obra de teatro. A veces pienso que no tengo vida. Se abre el telón de la muerte y debo actuar para un público desalmado.” Esas últimas palabras de Julius quebrantaron mi alma y mi corazón. Me contenía para no llorar. Un guardia SS nos interrumpe y se dirigió hacia mi: “señorita su tiempo ha terminado debe retirarse.” Inmediatamente dice “!Fucick levántate! Te esperan en el juzgado”.

Ambos nos levantamos y salimos. Yo sabía perfectamente lo que significaba el juzgado. Julius me miró como diciendo adiós. Tomamos rumbos diferentes. No podía dejar que mi tristeza invadiera mi cuerpo hasta salir de esa prisión. Me contuve. Julius Fucick fue condenado el 25 de Agosto de 1943 en el tribunal de Berlín. Murió tres semana después, el 14 de septiembre, en los campos de concentración.  

Adiós hermano. 

martes, 23 de abril de 2013

Retratos de un artista


Entre libros y cuadros, se esconde un artista inusual y solitario que lucha contra sus propios demonios. Cada pincelada que acaricia sus cuadros, es un remedio para el corazón y una bienvenida para la soledad.
Xavier Fabara es un artista ecuatoriano que no toma al arte como un oficio, sino como una forma de vivir. El arte le ha dado la capacidad de crear su propio reino de colores, entre pinceles, paletas, oleos y acrílicos.

Dice que nació con esta fascinación desde el vientre de su madre: “los niños en la escuelita siempre se amontonaban encima mío para que les dibuje algo; desde que era niño, el arte se convirtió en una parte de mi vida.“

 Con el transcurso del tiempo, Xavier fue perfeccionando su técnica, pues hace ocho años que pinta en óleo. Su lado artístico es el surrealismo y afirma que cada personaje que está plasmado en su arte, es también una parte de él.

La mejor compañía de Xavier es la soledad. Dice que le da impulso para seguir creando nuevas cosas. La soledad, temeraria de muchos, amiga de pocos, es aquel fantasma generoso que habita en los corazones más hostiles de un artista consagrado. El aislamiento del artista es lo que hace del arte una belleza, y para Xavier todo lo que existe se puede pintar porque está cargado de belleza.

“Con mi pintura trato de curarme a mí mismo, trato de pulir mi interior de aquellos fantasmas que me acechan”.  Esos traumas que agobian a los artistas, son justamente los culpables de la creación de bellas obras de arte, y es bello, porque el arte es impredecible. Xavier explica que el mayor temor de los artistas son ellos mismos: “tenemos miedo de sacar nuestros traumas interiores y enseñarlo a la gente”.

Sin embargo, el arte ha significado para Fabara, una forma de curación y de remedio, pues dice que la experiencia de pintar le da paz espiritual. “El arte es una forma de curarse de muchas cosas”, afirma el artista.

Fabara tendrá una exposición de sus obras artísticas el 30 de abril en la librería y galería “Biblioteck”. Su mirada se llena de júbilo cuando menciona que esto lo tomará como un nuevo reto.

Esta librería da un toque alternativo a las nuevas formas artísticas; encierra poetas, escritores, pintores y bohemios. Todos ellos reunidos en un lugar donde encuentran escapatoria. En un lugar, donde se ven retratados, un lugar que les permite comenzar la vida de nuevo, porque en su arte, se visibiliza un nuevo comienzo de creación y esperanza.   


viernes, 19 de abril de 2013

El Mejor oficio del mundo


Gabriel García Márquez explica la evolución que el periodismo ha tenido hasta llegar a la sociedad actual. Dice que antes, en su época, las escuelas de periodismo y la carrera misma no estaba en boga, simplemente habían pequeños talleres de redacción.
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La herramienta más utilizada por los periodistas era la libreta y el lápiz, herramienta realmente eficaz que permitía la retención del periodista y la compresión de los hechos. García Márquez dice que alguien tendría que enseñar a los colegas jóvenes que la casete no es un sustituto de la memoria, sino una evolución de la humilde libreta de apuntes que tan buenos servicios prestó en los orígenes del oficio.

Más adelante, al periodismo se lo llamó Ciencias de la comunicación o Comunicación Social. De esta manera el periodismo se asienta como una cátedra en las universidades, pero sus estudiantes carecían cada vez más de sentido común.
García Márquez se queja que hoy en día, los recién graduados de las universidades, tienen mala gramática y redacción, además que carecen de ética. Muchas veces creen que destapar información nueva, a costa de todo, y hacerlo publica, es la mejor noticia. Pero la mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor.

Por toro lado, parece ser, que el oficio del periodismo no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. La principal consecuencia de esto es que ahora se vive una deshumanización. No hay ética, no hay moral, no hay principios, no hay valores.
  
Esto ha creado que la profesión se torne un tanto peligrosa. Al no existir ética, el periodista utiliza declaraciones falsas, manipulaciones malignas y tergiversaciones venenosas que le dan a la noticia la magnitud de un arma mortal. El mal periodista piensa que su fuente es su vida misma y por eso la sacraliza, la consiente, la protege, y termina por establecer con ella una peligrosa relación de complicidad, que lo lleva inclusive a menospreciar la decencia de la segunda fuente. El mal periodista es aquel que no escucha las respuestas de sus entrevistados por pensar en la pregunta siguiente. De todos modos, la mala práctica periodística no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional.
García Márquez afirma que toda la formación periodística debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón. Finalmente, si un periodista no logra cumplir con esta lógica, la vida misma se encargará de decidir quién sirve y quién no sirve para esta profesión.